
Lila Summers renació decidida a reescribir el guion trágico de su vida anterior
Aferrarse al árbol más grueso y no perder la cabeza: siguiendo a su madrastra y a su hermanastro, terminó entrando de lleno en el poderoso y adinerado clan Hart, parte del círculo más exclusivo de Pekín
En un abrir y cerrar de ojos se convirtió en la Tercera Señorita nominal de los Hart.
El mayor de los Hart era frío y severo; para mantenerse con vida, Lila intentaba todos los días volverse invisible
Nathan Hart: “¿Por qué mi hermanita siempre me está esquivando? A lo mejor el límite de crédito de mi tarjeta no es lo suficientemente alto.”
El segundo de los Hart era un bueno‑para‑nada encantador; y ella lo seguía como una sombrita
Elliot Hart: “Mi hermanita es tan buena, tan tierna… las hermanitas pegadas al hermano son ediciones de colección por tiempo limitado.”
Lila creía que vivía bajo techo ajeno, caminando sobre hielo delgado…
solo para descubrir que todos la habían convertido en el tesoro de la familia.
Más tarde conoció a Julian Sinclair, el príncipe heredero de la capital: famoso por detestar a las mujeres, dominante, seductor y temido
La acorraló entre sus brazos con una sonrisa canalla: “Bebé, llevo años ansiándote… cásate conmigo.”
Lila negó con la cabeza: “Mi hermano no va a estar de acuerdo.”
Julian: “¿Nathan o Elliot? Me peleo con el que sea.”
Lila: “Ninguno. Mi hermano de verdad vende armas.”
Julian (amargado, llorando de mentiritas): “Esposa… ya son demasiados cuñados poderosos…”
Esta vez Lila eligió bien: superó la misión de simplemente sobrevivir, se aseguró una familia elegida y, sin proponérselo, también se ganó amistad y amor en el camino.