
La vida no era fácil, de ninguna manera lo es para un adole scente, sin embargo, las cosas empiezan a torcerse y a ver se de otro modo que siempre debió quedarse en lo prohibid o, sí, ese que volverse un hecho la condenaba a un infierno, pero Hope era tan arriesgada que no le importó fijarse en é I. Sus ojos azules, su cuerpo formido, tan musculoso y sensu al, esa sonrisa que le daba solo en un cordial saludo, el bes o en la mejilla que ella llevaba en su cabeza a otro nivel. To do eso desarrolló la atracción hacia el magnate, alguien ma yor por quién suspiraba sonoramente, es que era un espéci men perfecto e irresistible. De entre tantos hombres, clavó los ojos en él, lo fijó su blan co. El señor Greenspan se volvió su amor, ese platónico qu e un día dejaría de serlo para ser solo suyo de verdad. Le gustaba pensar que estaban destinados, que un día sus vidas iban a enlazarse y nadie podía separarlos, siquiera su amiga, que no estaba al tanto de que ella moría de r su padre. Solo bastó un segundo para enamorarse, no había vuelta at rás, odiaba la reversa, se quedaba con el ahora deliciosame nte peligroso que causaba Asthon Greenspan.